Siria: Idlib después de Alepo

31/Ene/2017

Bitácora, Por Ahmed Eleiba (*)

Siria: Idlib después de Alepo

El acuerdo de Alepo no marca tanto un punto
de inflexión en la trayectoria política de la crisis de Siria, como un punto de
inflexión táctica en función de los cálculos geoestratégicos del régimen sirio
y sus aliados con respecto a sus líneas de actuación para eliminar las bolsas
de oposición en las batallas posteriores a Alepo.
Estos planes pueden ser contradictorios
temporalmente con el proceso político acordados con varias facciones de la
oposición. Todo se resolverá, si es posible, en Astana, Kazajstán.
Una serie de declaraciones coordinadas
emitidas por el régimen de Damasco y Moscú indican que Idlib será el próximo
objetivo militar, especialmente contra las milicias de Fatah Al-Sham,
anteriormente conocidas como el Frente Nusra. Si Idlib se convierte en
«otro Alepo», el régimen habrá perdido su pretexto para reforzar sus
posiciones militares y políticas sin atenerse a los artículos del acuerdo de
tregua.
El acuerdo de Alepo ha ahorrado a Damasco y
sus aliados energías militares considerables que de otro modo habrían tenido
que invertir en las próximas batallas. Al mismo tiempo, les ha proporcionado
numerosos beneficios políticos. Por encima de todo, ha socavado cualquier
escenario de una alternativa al régimen existente. En segundo lugar, ha
fortalecido la diferenciación entre la oposición política rebelde y la
oposición islamista extremista personificada por el Estado Islámico (EI) y
Al-Qaeda. En tercer lugar, ha permitido al régimen limitar la amenaza en las
regiones circundantes donde tiene apoyo popular, enclaves estratégicos y donde
se concentran las fuerzas aliadas (de Rusia, Irán y Hezbolá). Por último, le ha
permitido sellar la frontera con Turquía, que había servido durante mucho
tiempo como una ruta esencial de abastecimiento de combatientes y armas para la
oposición.
Desde la intervención militar rusa, el
régimen ha intentado tácticamente arrinconar a las fuerzas de oposición, de
todo tipo, en Idlib. Al mismo tiempo ha estado presionando para erosionar sus
bases de apoyo popular en las zonas circundantes, especialmente en Homs, Hama y
finalmente en Alepo. Esto ha ayudado al régimen a alcanzar otros objetivos,
mientras buscaba asegurar el control de alrededor de la mitad del territorio
del país, en el oeste, hasta las fronteras con el Líbano y la costa
mediterránea. Tal vez el régimen también intenta aprovechar la ventaja táctica
que le concede la posición de Turquía neutralizada en relación con las diversas
facciones de la oposición, dada la necesidad de Turquía de enfrentarse a las fuerzas
kurdas en Manbij y Tel-Abyad y evitar que establezcan una conexión entre los
cantones controladas por los kurdos de Afrin, Kobani y Qamishli, que Turquía
quiere evitar a toda costa a fin de evitar la amenaza de una entidad autónoma
kurda a lo largo de su frontera sur.
A primera vista, las tácticas que el
régimen y sus aliados van a adoptar en la batalla de Idlib lo convertirán en
otra Alepo, en términos de destrucción masiva y sus repercusiones humanitarias
catastróficas. Sin embargo, en términos de gestión de la batalla y las tácticas
de combate, Idlib será mucho más violento que Alepo, en gran parte debido a los
mayores desafíos defensivos y logísticos, dada la naturaleza del terreno y de
las fuerzas en Idlib, lo que exigiría mayores fuerzas que las que están
actualmente desplegadas. Actualmente, unos 20 0 25 mil efectivos del régimen se
dedican a la protección de las líneas de defensa de Alepo. Al mismo tiempo, se
estima que las fuerzas de oposición en Idlib suman más de 70.000 combatientes,
de los cuales aproximadamente 50.000 pertenecen a Al-Qaeda. Por lo tanto, el
régimen buscará refuerzos de sus aliados, especialmente de Irán y de Hezbolá,
con el fin de reunir el mayor número posible de fuerzas de tierra para un
ataque. La información filtrada desde Irán sugiere que Teherán puede aumentar
sus fuerzas en Siria a alrededor de 70.000 soldados.
Tampoco se espera que el régimen haga
grandes esfuerzos para diferenciar entre diferentes grupos de la oposición,
como Al-Nusra u otros, o incluso entre éstos y la oposición civil. Al mismo
tiempo, Idlib ha sido un importante receptor de desplazados en Siria. De
acuerdo con cifras de las Naciones Unidas, alrededor de 700.000 personas han
buscado refugio allí, huyendo de los combates en lugares como Daria, Homs y los
alrededores de Damasco. Esto requerirá tácticas diferentes de las utilizadas
para retomar Alepo, que implicaron avances graduales de limpieza barrio a
barrio, la misma táctica que se está empleando en la batalla de Mosul con apoyo
aéreo proporcionado por las fuerzas de la coalición occidental.
En la batalla de Idlib, donde la naturaleza
de las fuerzas y los datos demográficos imponen diferentes ecuaciones, el
régimen y sus aliados comenzarán sus operaciones con intensos ataques aéreos y
de artillería, utilizando barriles explosivos para causar daños materiales
masivos e impedir los movimientos de la las fuerzas enemigas. En la etapa
siguiente, se pondrá en marcha la ofensiva terrestre que requerirá un mayor
número de tropas, suministradas en gran medida por los aliados regionales del
régimen (Irán y Hezbolá). También requerirá, por lo menos, el doble de salidas
aéreas rusas, lo que será extremadamente difícil. Según el ministro de Defensa
de Rusia, Serguei Shoigu, en su informe final sobre las operaciones en Siria en
2016, los aviones rusos realizaron 18.800 misiones, matando a alrededor de
35.000 «rebeldes» en el transcurso de ese año. En Idlib, hay por lo
menos el doble de combatientes de Al-Qaeda. Por lo tanto, si el régimen y sus
aliados no son capaces de gestionar con eficacia la batalla terrestre, esta
podría prolongarse mucho tiempo. Idlib puede ser de gran importancia
estratégica para el régimen y sus aliados, pero su conquista plantea muchos más
retos que Alepo.
Los desafíos militares: Idlib tiene una
extensión rural circundante más amplia, que, como se ha demostrado en batallas
anteriores, es difícil de controlar para las fuerzas del régimen. El régimen y
sus aliados tendrán que utilizar más fuerzas de tierra que alrededor de Alepo,
y las operaciones exigirán más tiempo, tanto más dada la necesidad del régimen
de salvaguardar sus líneas de defensa y retaguardia en caso de que el alto el
fuego se rompa o no en caso de violaciones, como ya ocurre, por parte de
algunas de las milicias rebeldes. Otro problema geográfico es la larga franja
de territorio que se extiende a lo largo de las fronteras entre Alepo e Idlib,
que podría convertirse en una plataforma para acciones militares destinadas a
desgastar a las fuerzas del régimen y sus aliados.
Los desafíos regionales: Turquía, sigue
constituyendo uno de ellos. A pesar de ser uno de los garantes del acuerdo de
tregua junto con Rusia, Ankara podría verse obligada a tomar medidas en el caso
de que las fuerzas del régimen ataquen en Idlib a fuerzas de oposición que
firmaron el acuerdo. Ankara, en ese caso, podría volver a prestar apoyo
transfronterizo a esas facciones de la oposición. Esto, a su vez, podría
obligar al régimen a coordinarse con Turquía, firmar nuevos acuerdos con Ankara
y la oposición e incluso comprometer su objetivo de recuperar la totalidad de
Idlib.
La naturaleza de las fuerzas combatientes:
Una repetición de la victoria Alepo puede ser difícil dada la naturaleza de las
fuerzas enemigas. Al Qaeda ve Idlib como su principal bastión. Sus tácticas de
combate serán diferentes y la probabilidad de que las fuerzas en Idlib negocien
con el régimen o un tercero serían considerablemente menores.
El comportamiento del régimen: Si, en la
fase post-Alepo, el régimen vuelve al bombardeo sostenido de posiciones
rebeldes, pondrá en peligro la tregua, haciendo muy difícil para los partidos
de oposición nacional respetarla, empujándoles a alinearse con la oposición
islamista. Según el diario del Kremlin, hay indicios de dicha coordinación
entre grupos del Ejército Libre de Siria y las milicias de los «Leones del
Oriente».
En una entrevista exclusiva con Al-Ahram
Weekly, el miembro de la oposición siria Bassam Al-Malik ha señalado que el
régimen ha insinuado que atacará Idlib ahora, una vez que ha empujado a las
fuerzas de oposición en esa dirección. Sobre la posibilidad de que el régimen
utilice milicias iraníes para ello, dijo: «nos oponemos a toda presencia
de iraníes, iraquíes y otras milicias en territorio sirio. Esta es una
exigencia básica. Señaló que los rusos están de acuerdo con esa exigencia, que
sitúa al régimen en una posición incómoda con respecto a Irán y Hezbollah,
«sus aliados regionales que se han atrincherado dentro de Siria y que
ahora tienen una mayor influencia en el desarrollo de los acontecimientos que
el régimen». Añadió que las diferencias entre el régimen y sus aliados se
han mantenido bajo la superficie, pero que se han incrementado desde Alepo, y
naturalmente se reflejarán en cualquier acción que el régimen quiera llevar a
cabo en Idlib.
Sobre la evolución reciente en Wadi Barada,
Al-Malik dijo: «el régimen está fabricando una crisis. El suministro de
agua fue interrumpido debido a los daños causados a la infraestructura. Sin
embargo, el régimen está utilizando la escasez de agua como pretexto para
atacar Wadi Barada. El pueblo de Wadi Barada solo quiere que se levante el
cerco y el envío de ayuda médica».
En última instancia, aunque sea posible
otra batalla de Alepo en Idlib, los retos y los riesgos serán mucho mayores
para el régimen y sus aliados. No será capaz de preservar los logros ganados si
pone en peligro el acuerdo de tregua alcanzado en Alepo.
Esto debería obligar a Al-Assad a explorar
planes alternativos, intensificando su política de división de las fuerzas de
oposición y, también, ofreciendo concesiones con respecto a sus relaciones con
Hezbolá e Irán.
Un último factor es que la batalla por Idlib
causaría un gran número de víctimas civiles, lo que daría lugar de inmediato a
una intervención del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Ahmed Eleiba Politólogo egipcio,
colaborador de la revista digital Al Ahram Weekly.
Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/News/19300/19/Idlib-after-Aleppo-.aspx
Traducción: Enrique García